Lunes 5 Octubre 2026

Un juego para descubrir qué pasa con el carbono bajo los pies, un grupo interdisciplinario de la Facultad de Agronomía de la UBA creó Decomponology, un juego de ruletas, cartas y fichas que convierte los procesos del suelo en una partida de 20 minutos. La propuesta permite seguir el recorrido del carbono y descubrir cómo el ambiente y las decisiones de manejo pueden cambiar su destino.

Una ficha representa el carbono que ingresa al suelo a través de un residuo vegetal. A partir de ahí, comienza un recorrido con varios destinos posibles: puede permanecer en el suelo, transformarse, pasar a otro reservorio o perderse hacia la atmósfera o el agua. El camino dependerá del azar, pero también de las decisiones de los jugadores.

Esa es la propuesta del juego creado por el Grupo de Estudio y Trabajo (GET) Decomponologxs de la FAUBA para explicar de manera participativa qué ocurre con la materia orgánica y el carbono en el suelo.

El grupo reúne a docentes, investigadores, becarios y estudiantes de distintas disciplinas. Sus integrantes comenzaron a reunirse de manera informal en 2010 con el interés común de comprender el funcionamiento del suelo y discutir sus formas de manejo desde aportes de la ecología, la edafología, la microbiología y la agronomía.

La idea del juego surgió mientras preparaban una revisión de divulgación científica. Buscaban integrar dos procesos que suelen estudiarse por separado: la descomposición de los residuos vegetales y lo que sucede con esos materiales una vez que ingresan al suelo.

“Nos dimos cuenta de que el juego permitía representar esa complejidad: procesos que ocurren al mismo tiempo, en distintas dimensiones y que se van relacionando entre sí”, explicaron desde el GET. Luego de publicar el trabajo, comenzaron a recibir consultas de lectores interesados en utilizar el juego y decidieron avanzar con su desarrollo.

¿Cómo funciona el juego? En el tablero, las fichas representan el carbono que ingresa desde los residuos vegetales y se desplazan por distintos reservorios dentro o fuera del suelo. Las ruletas determinan algunos de sus posibles destinos: las fichas pueden permanecer en el mismo lugar, pasar a otro reservorio o perderse hacia la atmósfera o el agua.

No todos los caminos tienen las mismas probabilidades. Por ejemplo, es más probable que el carbono de un residuo vegetal sobre el suelo se pierda por respiración que aquel asociado a los minerales, donde se encuentra más protegido.

También hay cartas que representan procesos biológicos y físicos, cambios ambientales y diferentes formas de manejo. Cada jugador decide qué fichas poner en juego y cuándo utilizar sus cartas, que pueden modificar tanto el recorrido propio como el de los demás participantes.

La combinación entre azar y estrategia busca reproducir otra característica del suelo: mientras algunos procesos no están directamente regulados por las decisiones humanas, otros sí pueden modificarse a partir del manejo.

El juego también permite comparar distintos ecosistemas y escenarios para observar cómo cambia la cantidad de carbono que ingresa al suelo, dónde se almacena y cuánto se pierde. Así, los jugadores pueden experimentar cómo interactúan la vegetación, las condiciones ambientales y las prácticas de manejo.

Transformar esos procesos en reglas y materiales implicó encontrar un equilibrio. “El mayor desafío fue encontrar un equilibrio entre simplificar y mantener la complejidad del funcionamiento del suelo”, señalaron sus creadores.

La versión actual está destinada principalmente a estudiantes universitarios de grado y posgrado con conocimientos básicos de biología, ecología o ciencias del suelo, y las partidas duran entre 20 y 30 minutos. Sin embargo, sus reglas pueden adaptarse para talleres, actividades educativas y propuestas de divulgación destinadas a otros públicos.